Futbol de parque

Cada año en nuestra ciudad se celebra un campeonato con mas o menos cuatro mil niños, jóvenes, adultos, que buscan jugar al futbol por el bien del parque de la Carolina. Este llamativo evento social deportivo trae un apretado mes de partidos, cientos de equipos de cientos de barrios, muchas barras, ocho canchas, un juego.

Gol de barrio está presente con personal de apoyo y algunos jugadores que representan al Golazo Salesiano, equipo que entrena en Chillogallo. El parque masivamente muestra como los adolescentes se creen Messi, los niños robots que pueden disparar , pero ese parque también tiene otras historias de pelota que suceden todo el año.

En este lado de la ciudad, o del parque, esto podría haber pasado. Pasó, mientras otros niños tomaban juguetes con las manos y ellos dejaban en el piso sus herramientas de trabajo. No pagaron matricula ni uniforme, este parque es de todos y la cara de cada uno es única. Se diferenciaron con la posición inicial, viéndose de frente antes de la batalla. Algunas reglas venían de las voces que lideraban. Fue un momento donde el arma era el calzado, y la bala esférica se disparaba con el pie. En un espacio compartido con árboles, compartiendo también un sol medio nublado, y un balón que no le importa nada de esto, comenzaba el partido. Lo que le importaba al balón sucedió entre las piernas del arquero, cuando el gol conoció su manera, su jugada, y su gran finiquito magistral, mientras todos los demás recién se acomodaban. No importaba la regla de que vale solo bajo la cintura, o las rodillas. No importaba, porque ese balón salió imantado al piso, abrazando al terreno, coló se entre los tobillos del ya antes mencionado galleteado.

Había comenzado otra copa no por la carolina, gracias a estos lugares inesperado en momentos impensados, eran eso de las casi tanto de la mañana, cuando los betunes, los cepillos, las cajas, se convierten en arcos, y los cansados trabajadores en niños

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